La Navidad me abruma. Como a la Roberts.

Sentimientos encontrados.

Me gusta y me disgusta.

Me encanta y no me gusta.

Recuerdo la Navidad enganchada a la televisión mañanera viendo a Torrebruno y a sus tigres y leones, mientras mi madre se escapaba al mercado y nos traía figuritas de mazapán. Viendo Mujercitas. Nos hicimos mujercitas. Rezando a San Sebastián para que los Reyes me trajeran el estuche de Candydoll de doble piso y un chandal nuevo, y lo mismo y con suerte, llegaba el cabezón de muñeca para peinarla y maquillarla. Algún año llegó un cazamoscas. Que risión.

Family. Cercana. Próxima.

El espumillón de aquellos años no le gustaría nada al Pinterest de hoy. Como cambia la decoración. Cambia como todo. Cambiamos.

No nos damos cuenta pero cambiamos. ¿O sí nos damos cuenta?

Poco a poco la Navidad para las mujercitas de aquel entonces eran tiempo libre, muuuuucho, para salir con las amigas. Esas fiestas de Noche Buena y Noche Vieja. Nos encantaba la Navidad y reencontrarnos. Que tiempos aquellos. Sin responsabilidades, me refiero.

Tiempo de amores y desamores rondaban las Navidades. Imposible olvidar aquel 22 de diciembre de hace mil años. A veces te toca la lotería y tú ni lo sabes. Que cosas!

Después van pasando cosas y años, años y cosas….. y ya nada es igual……

En casa la decoración es tan minimalista que ni la vemos. Nos metemos en Instagram y tenemos más que suficiente.

Este año con la llegada del Black Friday han llegado las Navidades y yo a día de hoy, 27 de noviembre, estoy como si me hubiera empachado a mazapanes, y a pavos.

No es posible, nos precipitamos tanto, tanto, taaaanto, que nos cansamos. O al menos esa es mi sensación. Y no me gusta sentirme así.

¿Porqué no comienza la Navidad el 24 de diciembre, o el 22 junto con las vacaciones de Navidad? ¿Consumismo?

Después de los Black Days, ¿quién va a comprar? Me aturullo.

Faltan cosas, con los años, nos faltan seres y nos sobran los motivos en Navidades. A cambio, llegan Cosicas, personitas, con nuevas ilusiones. Y yo no quiero quitarles sus ilusiones pero lo que es de más es de más.

Trabajo. Las Navidades no huelen a tigres y leones, a mí me huelen a ¿dónde los dejo? ¿Cómo saco tiempo para desconectar one moment y conectar one moment con mi poca “vida social”?

A mí la Navidad me agobia. Me satura. Llego cansada a todo. Y sin ganas. Intento que no se note. Disimularlo, vamos !, pero es…. es…. es tan difícil…..

La vida ya no es tan slow como la de aquellos maravillosos años… la vida corre….. y corre y nosotros vamos a la cola dando bandazos. Aguantando como podemos.

No me gustan las Navidades en noviembre. Las redes nos atrapan. Y nos asfixian.

Este año quiero unas Navidades slow. ¿Puede ser?

Lola. La que nunca escribe.